Sueños
Nº1
Hay ocuridad por todas partes, siente el frío del metal en sus manos y sus rodillas, escucha el agua pasar muy cerca de ahí, envolviéndolo todo. El pasadizo se hace cada vez más angosto, más frío. De a poco se empiezan a escuchar los murmullos, cánticos, reclamos, gritos de dolor. Avanza, avanza por las turberías esperando llegar a algún lugar. La luz no se filtra aún. Piensa en una razón de lo que hace, piensa en la gente que quiere, piensa en mucha gente que le necesita. Necesitan de alguien más. Divisa la claridad a lo lejos. Y se apresura dañándose las rodillas con el metal y los tornillos. Al llegar sólo observa, un círculo de gente. Gente vestida de negro, con capuchas, sin capuchas. Un joven al medio. Herido, lloroso, perseverante. El chico pide ayuda, con la mirada, con las lágrimas que le bañan el rostro, con la sangre que le recorre el pecho. Esta atado y sufre. Sufre por algo que todos saben. Sabe quien es. Ha oído y leído de él. Su cabello largo, su barba descuidada. Le cruza un disparo frío por el pecho al verle ahí. Tan desamparado. Tan débil. Y recuerda a la gente. La gente que lo necesita. Y está ahí, observándolo, escuchando sus súplicas de ayuda. Intenta avanzar, cruzar el círculo, liberarlo. Sostenerlo por los brazos, limpiar su sangre. La adrenalina aumenta, el tiempo es mucho más lento que la mente, ve rápido, muy rápido, se mueve rápido, muy rápido. Camina y tropieza, porque la velocidad de todo es espasomosa, porque su propia velocidad no tiene control. Le falta el aire, se le va la vida. Piensa, Planea. Luego él muere. Cae sin esperar. El tiempo vuelve a la normalidad. Sus movimientos se acompazan y pierde fuerza. Su mente vuelve a pensar con claridad. Muere la llama que avivaba a la gente. Todo se vuelve normal. La luz brilla sobre su cabeza iluminando una pequeña cueva revestida de metal y llena de agujeros. La gente se convierte en sociedad. Y es incrédula. Nadie habla, ni lee de él.
Nº2
Estabamos es una escuela de artes, pintabamos y mi amiga era compañera mía, como siempre lo había sido, vivíamos en cuartos de la escuela y compartía habitación con mi novio. Al día siguiente había una salida con el curso de fotografía, a la playa, había preparado mis cosas ya, y de pronto sentía el llanto de otra chica, otra amiga. Hablábamos un rato y pronto era de día. Y luego habíamos terminado la clase en la playa, unos turistas que hacian surf pasaban cerca nuesto y uno botaba algo. Corría a devolverselo y la profesora me regañaba.
- No creo que lo que hice estuviese mal, ya deje de ayudar a alguien un vez, y ese sentimiento no pienso volver a tenerlo, no pienso dejar pasar otra oportunidad, asi que si quiere regañarme por ayudar a una persona que no es aquí lo aceptaré, pero usted debería sentirse mal por no querer ayudar a otras personas. -
Era de noche, mi hermano estaba en mi habitación en lugar de mi novio, y me decía que nuestra madre tendría un hijo, luego había confusión, me iba del cuarto volvía y ya no estaba mi hermano, sino mi novio.
Era de día, y saliamos al aire libre, una especia de jardín de la escuela, los chicos jugaban con volantines y pelotas inflables, y de pronto mi amiga decia que había algo extraño, y aun así, todos seguían riendo y jugando.














